APOSTAR POR EL OPTIMISMO
 

 

La mejor manera de funcionar es tener perspectiva, altura de miras, poner las luces largas y relativizar hechos, comentarios y afirmaciones. El optimismo es una forma positiva de interpretar la realidad.

Lo mejor de las vidas está lleno de derrotas. Cualquier circunstancia histórica tiene muchos matices negativos. Por eso es importante aprender a interpretar la realidad con una visión panorámica. Hay optimismo personal y otro de general o colectivo.

Podemos evaluar lo que está sucediendo a nivel global y a nivel personal. La primer eslabón reside en nuestro sistema de creencias. Las ideas se tienen; en las creencias se está. Son nuestro subsuelo. La tierra firme sobre la que cada uno se sostiene. El mundo se ha alejado de lo espiritual y se ha vuelto cada vez más materialista, y eso es malo pues se prescinde de uno de los ingredientes más importantes de la vida que da respuesta a las grandes preguntas: ¿De dónde venimos? A dónde vamos? ¿Cuál es el sentido de la vida? ¿Qué importancia tiene el amor? ¿Qué hay después de la muerte?

El segundo ingrediente es nuestro estado de ánimo que es como un sentimiento que transita por nuestro interior; es el tono afectivo de este momento en el que convergen y se alojan elementos psicológicos, sociales y culturales. Y da lugar a una manera de estar hoy y ahora, pero que tiene una cierta permanencia en el tiempo. El tono anímico positivo tiene un inmenso poder reparador y nos ayuda a descubrir siempre la mejor visión de lo que está sucediendo sin dejar de tener en cuenta la parte mala o dura.

El optimismo consiste en una educación de la mirada que sabe descubrir lo mejor y lo bueno, que escondido aparece y desaparece. Y esto depende mucho del significado y valoración que damos en la actualidad. Los sentimientos desempeñan un papel fundamental en la manera de pensar y de interpretar lo que nos pasa.

En tercer lugar está nuestro equipaje genético, el enorme valor de la herencia que nos marca. La vida está repartida en dos tipos de traumas, los macrotraumes que son impactos de largo recorrido histórico por la magnitud e importancia de los hechos; y los microtraumas que son vivencias negativas pequeñas, pero que forman un sumatorio de adversidades. Es la experiencia de la vida.

Se trata de ser capaces de tener altura de miras, perspectivas, visión larga de los acontecimientos y saber relativizar y valorar las cosas con moderación y justeza de juicio. Este es un acto donde se mezclan sabiduría e inteligencia. Todo está en nuestra cabeza: la felicidad y el desencanto. El optimismo mira el horizonte y ve el lado bueno y propone soluciones y busca alternativas, deja el inmediato y apuesta por el mediado y por lejano.

El pesimismo goza de un prestigio intelectual que no se merece. La felicidad no depende de la realidad sino de la interpretación de la realidad que uno hace.

Donde unos ven sombras y presagios negativos, otros hemos de ver oportunidades y retos por cumplir. Sabiduría e inteligencia. La sabiduría es experiencia de la vida y cambiar lo que se puede modificar y aceptar lo que no es posible hacerlo. La inteligencia es la nitidez de la razón.

 
La Drecera 184 noviembre-diciembre 2020

 

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