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EL AGUA Y LA AGRICULTURA A DEBATE

Entorno a este tema, no solo han fallado los políticos, sino también y de manera estrepitosa, nuestros mejores comunicadores y opinólogos de nuestro país. A continuación transcribimos el acertado y pedagógico punto de vista de un socio del INSTITUT AGRÍCOLA, Mateu Comalrena de Sobregraru, Ingeniero Agrónomo y de Montes.

Mirad: la cuestión del agua no es un tema menor, pero hay que situarlo en el lugar correcto i huir de tópicos fáciles, sobre todo, si se quiere conseguir una solución de largo plazo.

Para empezar hay que tener presente que el agua, en cuanto a elemento físico ni se crea ni se destruye. En la inmensa mayoría solo se usa. A diferencia del petróleo, donde, una vez se ha usado, se convierte en humo, el agua, fuera de la que evapora las plantas, evapora la industria o evaporamos a través del aliento, no se destruye, sino que vuelve al ciclo, a través de la percloración en la agricultura, a través de las aguas residuales en el caso de la industria, o bien a través de micción y defecación en el caso de las personas. Conclusión Primera: en nuestro país el agua, mayoritariamente, se utiliza y solo una menor parte se gasta.

¿En qué condiciones se retorna el agua que se utiliza? En el caso de la industria o los núcleos de población el agua que se utiliza se retorna al medio bastante contaminada, hasta el punto que se hace necesario su depuración. Pero a pesar de su depuración las condiciones de retorno son bastante deficientes hasta el punto que su reutilización en la industria o en la agricultura, muchas veces, no es posible debido al elevado contenido en sales. Tanto es así que para evitar futuras contaminaciones del suelo el Ministerio de Medio Ambiente ha tenido que promulgar un Real Decreto para regular las condiciones mínimas de reutilización de las aguas, con la conclusión que la mayoría de las aguas de las depuradoras catalanas no son reutilizables ni siquiera para la agricultura.

Por el contrario, en la agricultura, el agua que no evaporan los cultivos retorna a la cuenca través de las aguas subterráneas, mucho más depuradas que antes de utilizarlas para regar, debido ala efecto autodepurador del subsuelo, a excepción, claro, del abono químico o de los pesticidas, malas prácticas las cuales han sido erradicadas en el marco de la Unión Europea. De los purines ya hablaremos más adelante.

Por lo tanto, Conclusión Segunda: En cuanto a la utilización del agua, la agricultura hace un uso bastante más responsable que los usos urbanos o industriales.

El problema de fondo del debate es que las infraestructuras hidráulicas actuales no dan para el conjunto de las necesidades del país. Esta limitación se da por dos lados. La primera es que la “maquina” de fabricar agua, o sea, la lluvia, es la que es y prácticamente no se puede forzar para que produzca más. Introduzco el concepto “forzar” porque los judíos si que han conseguido aumentar un 15% la pluviometría a costa de reducir las precipitaciones en la zona de Jordania, pero sería un caso excepcional a debatir.

Otra parte es que la “máquina” de fabricar agua tiene mala costumbre en las zonas mediterráneas, debe tener el mando de regulación encallada y por lo tanto cuando se poner llover lo hace de golpe, distanciando con largos períodos sin lluvia. La alternativa a esto son los embalses pero desde las inundaciones de Lleida en el año 1982, ya no se han proyectado más.

Por otro lado, con los embalses que tenemos todos hemos ido tirando y hemos ido empalmando ciudades y más ciudades, especialmente a lo que se refiere a los embalses del Ter, del Llobregat y Riudecanyas. La consecuencia es que la infraestructura va tan sobrecargada que al final ha petado, tal como lo hacen cada día las autopistas o bien, de vez en cuando, la red eléctrica. Por el contrario, los embalses del Ebro, que principalmente refuerzan usos de regadío, aguantan año tras año, bastante bien.

Por lo tanto la conclusión tercera es que las infraestructuras hidráulicas, y sobre todo las metropolitanas, están tan sobrecargadas como las autopistas, la red eléctrica o la red de ferrocarriles, a lo cual se suma una falta de inversión considerable durante los últimos 25 años, con evidentes síntomas de crisis.

Si a esta sobrecarga de las infraestructuras se le suma una gestión “integrista”, tal y como está practicando el Departament de Medi Ambient, el resultado es que en 24 años de CIU hubo dos crisis hidráulicas, y en 5 años de IC-Verds, han habido tres crisis hidráulicas.

Me explicaré: Por algún extraño motivo los directivos ecologistas han hecho bandera que por los ríos catalanes ha de bajar siempre agua, y por lo tanto es necesario desembalsar un flujo considerable de agua río abajo. ¡Este flujo no es ni más ni menos que el 30% del flujo anual de la cuenca! Este principio, de entrada, parece verosímil, pero resulta, según estudiamos usted y yo que los ríos mediterráneos tienen la particularidad de acusar mucho los estiajes, o sea, los períodos de lluvia traen mucho agua y en los períodos de sequía traen muy poca o nada. El ejemplo más evidente de este fenómeno son las rieras del Maresme o del Garraf. Los ríos mediterráneos no son el Danubio.

Esto también es extensivo a Llobregat y los agricultores viejos de la huerta del Baix Llobregat recuerdan cuando en verano atravesaban el río con el carro para ir al Borne, y no bajaba ni una gota de agua, y cuando en otoño volvía a llover el río revivía y renacían los peces, las ranas u toda la flora y fauna acuícola, sin que fuese una catástrofe ecológica.


Desde hace 30 años este fenómeno no ocurre porque se desembalsa agua del pantano de la Baells, de tal manera que el cauce del río se usa como acueducto para llevar agua hacia las plantas potabilizadoras de Abrera y Sant Joan Despí, y por tanto s da una falsa apariencia que el río siempre lleva agua, hasta el punto que los gobernantes han perdido de vista esta doble función de los ríos, o sea, la función natural en tanto que desagüe y la función artificial en tanto que acueducto, queriendo imponer una presencia permanente de una lámina de agua, sin darse cuenta que esto es una característica artificial de los ríos mediterráneos y que implica un consumo de agua, ya que esta agua se tira irremediablemente hacia el mar y cuando esta llega al mar ya se puede dar por perdida, y por lo tanto esta agua realmente se gasta en funciones estéticas y nada ecológicas. Los peces de los ríos mediterráneos hace miles de años que saben del estiaje y están adaptados.

Por lo tanto, conclusión cuarta: Los gobernantes en materia de agua están demostrando una verdadera impericia, impericia de la cual no se quieren responsabilizar y acabará pagando del bolsillo del contribuyente. Como ejemplo me gustaría que comparen esta situación con la crisis eléctrica de Barcelona del verano pasado: cuando el responsable es una empresa privada que pague la empresa, cuando el responsable es el gobierno que paguen los contribuyentes.

Volviendo con la cuestión de la utilización del agua, podemos analizar aun otro aspecto. La cantidad de agua por metro cuadrado que se utiliza en la agricultura comparado con la cantidad de agua que se usa en las áreas urbanas. Sin disponer de datos a mano, el resultado seria sorprendente a favor de un mayor consumo urbano a tanto el metro cuadrado. Por otro lado, mientras Barcelona esta utilizando 203 litros de agua por habitante y día, en Gallifa, en el Vallés Occidental, se usan 112.

Conclusión quinta: Delante de una sobrecarga en las infraestructuras hidráulicas todos tenemos que hacer un uso racional, los agricultores y los ciudadanos en general. No parece muy honesto decir solo de uno de los colectivos de usuarios del agua, más cuando el colectivo de los agricultores, el agua que no gasta la devuelve las cuencas en más buenas condiciones que no las recibe, mientras que el colectivo urbano la devuelve a la cuenca en más malas condiciones que no la recibe.

Continuando con la disputa del gasto de agua que hacen los agricultores les expondré un caso de un regadío del Tajo. Siguiendo esta crónica de calle donde los agricultores malgastan el agua porque los sistemas de regadío son ineficaces, en una zona de regadío fornido con agua tributaria del Tajo, se iniciaron, hace diez años unas obras de modernización del mismo. Una vez ejecutadas las obras se dio un hecho paradoxal: con la nueva situación era necesario desembalsar, por el fondo del pantano, más agua que no antes ya que por el final de la zona de regadío mejorada no bajaba bastante agua como para satisfacer las necesidades de aguas abajo.

La explicación técnica es muy simple. Este consumo abusivo de agua de los agricultores que tanto se critica, no era tal consumo sino que simplemente era utilización, y el agua que se les cedía para regar y no se evaporaba por los estomas de las plantas, se percolaba en el subsuelo y a través del freático retornaba al río. O sea, el agua iba cuenca abajo por otros caminos, pero lo cierto era que iba cuenca abajo. En cuanto se modernizó el regadío a los agricultores solo se les daba el agua justa y necesaria para la agricultura, por lo tanto no había retorno hacia el río y por tanto se tenía que desembalsar agua por el fondo del pantano para servir las demandas de río abajo.

Conclusión sexta: la mejora de los regadíos no reduce el consumo de agua, simplemente facilita la gestión del agua a las autoridades hidráulicas.

Finalmente hay que poner a la agricultura en el grupo de usuarios del agua que le toca. La agricultura es un consumidor “industrial” de agua, al igual que la SEAT de Martorell o las centrales hidroeléctricas. Los agricultores son empresarios como los otros y necesitan del agua para su proceso productivo como los otros. Es admisible plantear el debate de qué modelo económico de país queremos, es legítimo plantear un país sin agricultura y es tan legítimo plantearlo como plantear que queremos un país sin saltos hidroeléctricos y solo queremos térmicas de carbón. Es una opción política. Pero dirimir la opción del modelo empresarial de un país solo sobre la cuestión del agua me parece un tanto frívolo, y cargar a los agricultores con que parece que utilizen mucho agua, todo y ser una de las industrias más eficientes en cuánto al consumo real de agua, me parece de mucha cara.

La conclusión séptima es que la agricultura es una industria como cualquier otra y requiere de agua como cualquier otra industria, y su presencia en el ámbito económico de nuestro país es fruto y consecuencia de la política industrial y económica que se determina y por lo tanto se ha de aceptar con todos los pros y contras.

Por si por un momento se les pasa por la cabeza la cuestión de los purines, dos detalles: el primero es que no se trata de una actividad agrícola sino ganadera, la cual evidentemente puede contaminar. Es importante no confundir al sector primario con la agricultura. Tan sector primario es la agricultura, la ganadería, como la minería. Si no acusaron a los agricultores cuando las balsas de residuos mineros de Aznalcóllar se reventaros, tampoco se puede acusar a los agricultores de la contaminación por purines. En último caso se ha de acusar al sector de la ganadería, la cual es otra rama de la industria de nuestro país y s consecuencia de una determinada política económica.

El segundo detalle respecto la cuestión de los purines es que después de años de control de la contaminación por purines y de reducción de las cabañas ganaderas, los niveles de contaminación por nitratos siguen subiendo. Cuando se han utilizado indicadores complementarios está resultando que la contaminación por nitratos tiene como foco principal las zonas urbanas, con cloacas en muy mal estado, y que sobre todo en las zonas planas y rurales (y por tanto donde las pendientes de las cloacas son muy poco pronunciadas y donde los medios económicos de los ayuntamiento son inferiores). Los escapes de los sistemas de saneamiento son muy elevados. Inicialmente, igual que en el debate de hoy, se cargó todas las culpas a los ganaderos y al final resulta que no eran los únicos culpables.

El debate hidráulico está sobre la mesa. Mi convencimiento es que el debate no se puede frivolizar de la manera que se ha hecho.

Fíjense que detalle más curioso: cuando se recortan las subvenciones agrícolas el precio del cereal sube. Cuando se recorta las subvenciones al automóvil el precio de la venta de los coches baja.

O sea, que si lo analizamos fríamente, resulta que los agricultores lo que hacían era descontar del precio de venta del cereal lo que percibían en concepto de subvención y, por lo tanto, cuando se les recorta la subvención para mantener el equilibrio empresarial han de subir el precio del cereal. Por el contrario en el sector del automóvil cuando se les recorta la subvención y aparentemente el precio del coche sube, podemos permitirnos el lujo de bajar el precio de venta, o sea, que a los contribuyentes nos han estafado durante veinte años con el cuento que no se podían bajar los costes, y de golpe, en dos meses, si que se puede. Puestos s decir, expliquemos las subvenciones de todos los sectores, y también el canon digital.

mayo 2008

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